KNUT PANI y la obra gráfica.

 

 

El grabado de Knut Pani se ha desarrollado de una manera sistemática explorando los caminos de la expresión gráfica, enfocando su atención hacia la representación lírica de la naturaleza. Las figuraciones y objetos que surgen de  mundos oníricos y la representación de un paisaje mental, se gestan desde el subconsciente. En sus aguafuertes y aguatintas Pani logra, echando mano de todos los recursos a su alcance, un  mágico manejo de luz y de sombras para crear estados abstractos que nos remontan a escenas siderales, submarinas o  simplemente a planos poéticos. Al corroer el ácido directo la superficie del metal, da lugar a una expresión espontánea  que surge del azar y del accidente, que manejado con destreza, se contradice al instante que observamos la estampa sobre la pureza del  papel. La experiencia de la continua labor da por resultado que el conjunto de los elementos  cumplan  con su último cometido: la estética de la poesía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al referirse a la obra del maestro Pani, el escritor Jorge F. Hernández escribe:

 

La estampa de Knut PANI es el teatro de las manchas que quedan grabadas sobre la arena en las tardes de sangre y sol, o las marcas que dejan en las cercas los lobos y coyotes que deambulan la madrugada. Es el registro de una taquicardia en el instante del último beso y la prueba psicológica de una mancha de tinta que parece un calamar encendido sobre las piernas de una figura de hierro fundido; son pequeñas cartografías de las sílabas secretas con las que alguien intentó narrar la vorágine del comienzo, el esfuerzo atómico de hilar en gases impalpables todo lo que quedaba de las estrellas más lejanas, las que se pulverizaron en una galaxia para que de una rara manera llegue la inspiración concentrada de Knut Pani y lo traduzca en la perfecta partitura que transmite a través de las yemas de sus dedos.

 

 

* Jorge F. Hernández, escribe en el diario El País,  las columnas:

  “Cartas de Cuévano” y “Café de Madrid”.

   Es autor de la novela “La Emperatriz de Lavapiés” (finalista del premio Alfaguara 1998).