Knut PANI, ECOS VISUALES *

 

por Alfonso Bullé Goyri **

 

 

 

El eco es un fenómeno acústico producido cuando una onda se refleja y regresa hacia su emisor. 

Trasladando este concepto a la pintura, y específicamente a la pintura de Knut Pani, podemos afirmar que sus ecos visuales reflejan las ondas transmitidas desde el interior del subconsciente hacia el hemisferio analítico del espectador, pasando a estimular una visión intelectual y alertando a nuestro sistema sensorial, regresar a la superficie de la obra rebotando para salir disparadas hacia todos lados, sólo para ser reflejadas de nuevo. Así percibo la dinámica de la obra que aquí se nos presenta.

 

Hay que decir que Knut Pani ha trabajado durante los últimos treinta años sin distracción y sin evadir su responsabilidad como artista plástico, subordinándose a los cánones de la pintura y sujetándose a los principios de un arte que se aparta de modas y modos de creación, pero que por ello se ha liberado de gestos y consentimientos que la crítica contemporánea suele adoptar como único criterio lícito para reconocer el gran arte. Pani no se ha dejado seducir por esas novedades del mercado y ha preferido replegarse a una economía más sutil y riesgosa, donde lo que cuenta es el pulso de un artista que va más allá de la realidad y con base en ese afluente que discurre con sereno silencio en el interior del estudio, despliega su imaginación para instalarse sin recelo en ese ambiente de gran mundo a menudo confuso y perturbador y desde ahí elevar una obra que llama la atención tanto por su indiscutible modernidad como por su valor perdurable en el tiempo. Es decir, Pani no se margina, sino por el contrario, aquí lo podemos observar con esta muestra excepcional, se encuentra en el centro mismo de la polémica del arte. 

 

Knut Pani durante estos años ha concentrado sus energías y planteado todo un esquema muy sugestivo que lo ubica como uno de los creadores mexicanos que sin vanos estridentismos compone una obra de poderosos trazos y de un abstraccionismo polémico. Con frecuencia en los circuitos internacionales de arte, se observan con suspicacia las representaciones que se aventuran a transitar por los túneles del inconsciente, considerándolo como una forma expresiva fuera de tono y arcaica. Sin embargo, la abstracción es quizás el camino más directo y también el más complejo para extraer el sentido preciso que inunda el espíritu de la contemporaneidad. Pani es un asiduo visitador de esas galeras subterráneas desde donde es posible advertir las pulsiones que emergen por efecto del trabajo cotidiano como símbolos abstractos que se determinan en la rígida geometría del lienzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La circularidad de los trazos que son tema enfatizado en este cuerpo de obra, retienen en sí mismos la esencia de la esfericidad. Pani parece querer aprehender el universo y construir desde ahí un punto, la esfera genética de una expresión vital, ideando un espacio topológico, que acoge la mirada del espectador y lo remite, como música cósmica, al interior de un mundo cóncavo-convexo donde anida la imaginación.

 

Es interesante observar que los lienzos de Knut Pani presentan una continuidad y su discurso no se interrumpe por el espacio real de la galería. Por efecto de una ilusión óptica, la pintura imanta la tridimensionalidad del espacio y proyecta al espectador en su realidad concreta a la circularidad plástica de una matriz donde se resuelve el proceso de la abstracción estética. Por eso Pani es un artista de aliento que hay que estar observando siempre, porque nos obliga a traer a nuestro presente el espíritu de la modernidad que, con estas pinturas, rebasa los criterios de la contemporaneidad y polemiza así con los discursos tácitos de lo que la crítica de hoy entiende como arte.

 

 

 

* Exposición en Fundación Sebastian, ciudad de México, abril 2013.

 

**Alfonso Bullé-Goyri, ensayista y poeta, es director de la Galería Florencia Riestra.