FLAMAS*

 

por Gerardo Estrada

 

 

Cada vez que enfrentamos la nueva obra de un pintor la duda nos asalta. El observador que no conoce a profundidad el arte se siente desvalido frente a la necesidad de tener una opinión o cuando menos “un gusto frente a la obra”. Ciertamente para apreciar una obra de arte lo que hace falta y es conveniente tener es un conocimiento mínimo de lo que se trata, pero ello no es indispensable. Basta con la imagen. Este problema se vuelve más que grave cuando se trata de una pintura abstracta.

 

Hoy los puntos de referencia comunes se pierden todavía más y el disimulo intelectual y estético nos invade. Una conciencia ingenua se sentirá incómoda. Alguien más prudente o con cierto conocimiento de causa se conformará con un “qué interesante”. Pero ambos en realidad estarían renunciando quizá a lo que sería en verdad importante en una obra de arte. La simple y llana imagen. Me gusta o no me gusta. Toda explicación puede resultar vana porque finalmente el contexto nos puede resultar tan ajeno como la obra misma. La obra de Knut Pani está llena de interrogantes y nos motiva y nos obliga a hacer un esfuerzo si queremos entender, pero si queremos disfrutarla, nos basta con dejarnos ir y que nuestros sentidos hagan volar nuestra imaginación y que disfrutemos lo que contrariamente a lo que se dice no es lo que es, sino lo que nosotros vemos.


 

*Exposición de Knut Pani en la Galería Itatti, septiembre de 2002